Y lo que ama... se abriga bajo su abrigo

Semblanza

Alejandro Avilés Inzunza nació en un claro día en el pueblo de La Brecha, municipio de Guasave, Sinaloa, y fue acumulando en los años siguientes todas las evocaciones de los objetos amados, simbolizándolos para dar una imagen más coherente de la realidad, al contemplar aquella privilegiada región donde parecía nacer la raíz del agua para formar el mar y los ríos, mientras el cielo azulísimo se hundía en ellos; o incorporaba nubes que ascendían o descendían en su vuelo circular. ¿Cómo no amar aquello desde la niñez? ¿Cómo no expresarlo en poesía?

"Nunca se pierde / lo que se ama." Y parecería que Alejandro no sólo nunca pierde lo que ama. Es más, Alejandro nunca pierde, por eso pudo ser director de revistas, de periódicos, y además, por 35 años, maestro de la Escuela de Periodismo "Carlos Septién García", 21 de los cuales fue director de la misma. Hombre sereno, reflexivo, de gran rectitud, pero también abierto a las mejores corrientes del pensamiento, de la acción. Porque su poesía rige la parte más elevada de su personalidad; desde ahí sus reflexiones y sus acciones cobran peso y consistencia; desde ahí la expresión de su poesía cobra sentido y es capaz de emocionarnos profundamente.

Naturaleza deslumbrante, así como objetos, seres, personas recuperados en el tiempo, o nunca perdidos, conviven en su poesía, reviven con nuestra lectura: contemplamos la cera mientras arde, nos preguntamos, como él, "de dónde viene el agua", o conmovidos vemos a los campesinos que bajan de la montaña "intemporales y sin culpa".

En la plena contemplación descubre el juego, el de las nubes, el del agua, el de la infancia, el de la vida que "un nuevo rostro tiene en cada giro" y "nos va diciendo adiós en cada vuelta".

Alejandro Avilés conoce el juego: el de la niñez en su pueblo natal, el idealismo de la juventud como maestro desde muy joven, en Sinaloa, o posteriormente como habitante de la gran Ciudad de México a la que supo amar y conquistar. Luego adoptó como patria chica a Morelia y, como siempre, en ella se mueve como pez en el agua. No podría ser de otra forma, puesto que quien conoce al profesor Alejandro Avilés tiene que considerarlo en un espacio grande, ya que él es un hombre grande en todas las acepciones de la palabra. Alto también, grande, quizá porque tiene el don de no perder lo que ama. Y lo que ama crece sobre sus zapatos, y se abriga bajo su abrigo, que también, como el amor, lo acompaña desde que salió de su natal y cálida Sinaloa.

La dignidad define su persona, la luminosidad, la ternura, la emoción son distintivas de sus poemas. Lo subjetivo, lo personal da calidad al cuerpo de cada uno de sus poemas, pero lo individual en ellos desaparece con frecuencia ante lo social, lo particular ante lo universal En 1994, el Club Primera Plana publicó
Obra poétíca, y en 2000 apareció En torno a claros días dentro de la colección "¿YA LEISSSTE?", en los que encontramos lo mejor de su poesía.

Dolores Castro


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