Buscaba la inocencia
de un aire ya tan leve
que fuera sólo brisa
de la más pura Noche de diciembre.

Por los aires venía
mi corazón alegre.

¯


Violeta y oro tiemblan,
niños con frío, en brazos de la tarde.

Pupila de la tierra,
la hermosura del mar sube a los cielos.

En la móvil llanura sensitiva
hay una madre ausente.

¯


Recuerdo todavía
su sombra blanca en la remota noche,
su desvelado sueño
navegando por largos corredores.

No era yo ni el diseño de una imagen.
Era papel en blanco
mi corazón de niño.
Era lengua sin voz, piedra sin nombre.

(sigue)



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