La noche guarda intimidad de sombras
con brillo de entresueño.
Voces tranquilas pactan
con el silencio.

La calle es como un río,
un hondo, sosegado curso lento.

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¿Aqué remotas márgenes
de suavidad me llevas,
canción que sólo un niño
oír pudiera?

Tal vez entonces, ay, la luz sería
entre mis manos ciegas,
feliz como la espuma
y como el caracol de la marea.

Tal vez en ese día
del retomar sin velas,
halle una ola de frescor sin límites,
una mar como aquélla.

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