Te escucho delirar a media noche
como a la llave que las rotas aguas
denuncia entrecortándoles el habla.
Te escucho en alabanzas
de Job desesperado.
Te estoy mirando bajo el cielo negro,
hombre tirado en medio de la calle
para llorar su propio nacimiento.

Mas sólo escucho tu dolor, agudo
cual aterido cornetín de guerra;
agudo como el filo
de la mirada que los ojos busca
y en un río de lágrimas se nubla.

A mí mismo me escucho en esa niebla
del mundo que viviste
de niño en las ciudades de la guerra.
Porque vivimos hoy
la temerosa paz del mundo, madre
de toda tempestad, odio desnudo.

Pero detrás de todo,
¿no hay algo más, hermano
desconocido y solo?
De los desesperados es el mundo.
Mas los desesperados
oscilan en un hilo
y al perseguir su sombra
se los traga el abismo.

Así te miro estar, poeta y ciego,
meciéndote, meciendo
la noche que te lleva y que nos lleva.

¿No miras hacia adentro?
¡Qué claridad verías!
Si tuvieras la paz que necesitas,
¡qué claridad verías, si tú vieras!




(Pueden escuchar al profe recitando este poema - con una introducción sobre Bertold Brecht)

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