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LA vida de los seres, sus estaciones y su edad se miden por la velocidad con que caminan. Esto enseñan los físicos, y añaden que se construye el tiempo en órbitas de luz, en años puros trazados en el cielo.
Pero yo digo que la luz no sabe la sombra que proyecta sobre el mundo, y que la vida en el dolor se ahonda y crece como el sueño que la lleva a condensarse en siglos de amargura.
Yo digo que la vida es un planeta extraño de no se sabe cuál sistema herido de muerte en el instante de nacer. Y que al trazar sus órbitas enciende soles y galaxias ávidas que no saben de sí y enloquecidas giran en torno de un amor sin años, sin años y sin días: sólo una noche larga y sin medida.
Esto digo y el cielo se detiene sobre la tierra y prende su sonrisa cuajada de perdón y de silencio.
(escucha este pasaje, recitado por el Profe)
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LA vida de los seres está pendiente de la enjuta rama donde brota la alquimia de lo verde.
La tierra en el dolor de su silencio se despierta a la vida en una hoja, un verdecido, peciolado sueño.
No hay nada más allá, tierra escogida, que la memoria de la luz que enciende su verde llama en nervadura viva.
(escucha este pasaje, recitado por Dolores Castro)
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(sigue)
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