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EL aura de los seres va diciendo, entre el asombro y el dolor, la vida. Aún más grande que el ser, la nada en torno musita sus corrientes.
Y hay una escalinata misteriosa donde el amor desliza su locura, una señal que baja por el río a morir sin remedio en las salobres resacas de la noche.
Porque la vida en el dolor se ahonda y remonta su curso hasta la fuente que llora allá en la cumbre donde la nieve escribe sus memorias. Que llora allá porque esperar es vano y es necesario descender al valle para poblar de árboles la orilla.
Porque la vida, sombra sin fronteras, crece en la arena como el sordo río que no supo de dónde ni hacia dónde manaba su corriente.
Porque la vida en el dolor se ahonda y recuerda y anhela, y se refleja como el rostro del mar bañado en lágrimas que bajan desde todos los continentes de la luz y el llanto.
Porque la vida es un planeta extraño que surge de las ondas como el sueño manando de si mismo, y vuelve al sueño del ser y se da cuenta de que sueña.
Y al darse cuenta sufre porque saber es padecer sin término el amor que no pudo ser ya nunca y espera en las orillas como un muerto que nadie viene a sepultar.
(escucha este pasaje, recitado por Dolores Castro)
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(sigue)
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