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EXTRAÑOS animales son los hombres. Como la vida es un planeta oscuro alzan sus ojos hacia el cielo y cantan. Invitan a su fiesta de alegría. En juventud remontan la férvida corriente.
¿No han escuchado nunca al sordo viento? ¿No saben que la vida de los seres tiene un cuadriculado blanco y negro y que la luz más pura lleva su fardo de oscurecimiento?
Al acercarse al fuego, árida estopa en pólvora dormida despertará, y una explosión de sombras cercenará las almas y los cuerpos.
La muerte y el placer forman un solo abismo de esplendor y de locura. Ineluctable "más allá" se cierne sobre la vida y toma su venganza. Nada, bajo la luna, escapa a su rigor y huyendo salva sus prados de hermosura.
Porque, en el cauce del vivir, la arena crece en la sed que no se sacia nunca. Y edifica en sus áridas prisiones la pasión que en sus propios andamios se derrumba.
(escucha este pasaje, recitado por el Profe)
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EN una hoja despertó la vida y el amor deslumbrado quedó ciego. No vio ni luz ni sombra, sólo escuchó la música del sueño.
Sensible a la mirada del ocaso, la joven planta abrió su flor. Y el tiempo despertó en el espacio su memoria al avanzar - oh cinta de Moebio - desde su litoral enardecido hasta el abismo de su propio centro.
Y al trazar las oscuras matriculas del viento la tarde anuncia en vértigos de espuma el estupor del último silencio.
(escucha este pasaje, recitado por el Profe)
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(sigue)
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