El don de la memoria


EL
don de la memoria es como el agua
que alza en temblor su tallo en el desierto.
Proviene de un abismo y se desgarra
cuando toca la luz
y en el aire musita su palabra.

Cuánto dolor se yergue en la columna
temblorosa del agua
que en soledades brota
de su propia dolencia traspasada.

La vida de los hombres
más que una sombra es una luz extraña
que al conocerse huye de si misma,
y habita sola en la secreta cámara
donde duerme la dicha y se despierta
en vivas transparencias de dolor.
El don de la memoria es como el agua.

(escucha este pasaje,
recitado por Dolores Castro)

¯


"Lo que ha de suceder tiene gran fuerza"
Así clamaba la sabiduría.
Y los ojos viajados contemplaban
su propio ser inexorable y hondo.

Lo que ha de suceder conduce al hombre
aún más allá de la pasión que un día
le dio la entraña del vivir, la oscura
transparencia del sueño
y la desolación de lo vivido.
La vida de los seres se pronuncia
a costa del dolor que los alumbra.

Pues en el cauce del vivir la arena
crece en la sed que no se sacia nunca,
abre acequias de llanto en los tejidos,
rompe los vasos de la sangre
y al traspasar el nudo de su tiempo
inexorablemente se contrae.
Cava su tumba el último fragmento.

No retrocede, no, la sangre escribe
en el propio latido su sentencia:
lo que ha de suceder tiene gran fuerza.

(escucha este pasaje,
recitado por el Profe)

¯

(sigue)

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