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EL don de la memoria es como el agua que alza en temblor su tallo en el desierto. Proviene de un abismo y se desgarra cuando toca la luz y en el aire musita su palabra.
Cuánto dolor se yergue en la columna temblorosa del agua que en soledades brota de su propia dolencia traspasada.
La vida de los hombres más que una sombra es una luz extraña que al conocerse huye de si misma, y habita sola en la secreta cámara donde duerme la dicha y se despierta en vivas transparencias de dolor. El don de la memoria es como el agua.
(escucha este pasaje, recitado por Dolores Castro)
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"Lo que ha de suceder tiene gran fuerza" Así clamaba la sabiduría. Y los ojos viajados contemplaban su propio ser inexorable y hondo.
Lo que ha de suceder conduce al hombre aún más allá de la pasión que un día le dio la entraña del vivir, la oscura transparencia del sueño y la desolación de lo vivido. La vida de los seres se pronuncia a costa del dolor que los alumbra.
Pues en el cauce del vivir la arena crece en la sed que no se sacia nunca, abre acequias de llanto en los tejidos, rompe los vasos de la sangre y al traspasar el nudo de su tiempo inexorablemente se contrae. Cava su tumba el último fragmento.
No retrocede, no, la sangre escribe en el propio latido su sentencia: lo que ha de suceder tiene gran fuerza.
(escucha este pasaje, recitado por el Profe)
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(sigue)
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